Si es que, encima, fue ella la que me llamó. Yo llegué a la oficina, tan tranquilo, después de comer, cuando vi en el móvil una llamada perdida suya.
Soy un poco torpe a la hora de coger el móvil. Lo tengo, muchas veces, sin batería, o se queda olvidado en algún sitio. Hablar por teléfono me da un poco de corte, y supongo que se debe a que, cuando era pequeño, no lo había en casa, y no tuve un móvil hasta hace pocos años.
Mai me había mandado un SMS, preguntando si estaba en el pueblo. La llamé y hablamos, y quedamos para tomar el café que comenté en el anterior post. No la he vuelto a ver, porque, como decía, ya vuelve a pasar de mí. No la entiendo.
Pero me hace ilusión que esté por el pueblo. Hasta bajar a tirar la basura se convierte en algo ilusionante, sabiendo que trabaja a dos calles de aquí. Ay, las mujeres...
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