Quizás no fui muy sincero en el anterior post. El exceso de trabajo no es el único motivo por el que no he escrito mucho en el blog últimamente.
He entrado en un chat, uno de esos IRC. En realidad, no sé si hay más de uno, me he metido en el que conoce todo el mundo. Ya había entrado hace tiempo, siendo joven. No sabía que se mantenía en pié, estando todo el mundo loco ahora con el Facebook.
Me sirve para hablar 10 minutillos con gente, en los descansos de trabajo que hago cada pocas horas. El problema que tengo es que todas las mujeres de ahí me parecen iguales. Intelectualmente hablando, no es muy interesante. Pero siempre hay un interés sexual latente en mí que me lleva a entrar una y otra vez. Es tontería, porque no hay nadie de este pueblo de mierda, en realidad, que entre en el chat, y tampoco tengo yo tiempo para ir a la ciudad.
Pero conocí a una chica de aquí, que se conectó una vez, y quedé con ella para tomarme un café. Era un poco cateta, no había acabado ni la secundaria, pero era maja, y le gustaba toquetear, y dar masajitos... Ay, que rica estaba. Pude tocarle una teta, incluso. Es la mejor que he tocado nunca.
Pero era una llorica, una de esas personas que no han trabajado en la vida, y que siempre dicen que están enfermas. Cuando vino a casa, empezó a quejarse por el gato, y a decir que tenía alergia por los pelos de Naranja. Después de varias quejas, la mandé a tomar por culo. ¿Como puede un invitado protestar tanto por la mascota de un anfitrión?
Hoy la he visto por la calle. Iba vestía con minifalda, me ha vuelto loco. Se me ha pasado el enfado, solo por ver esas piernas. La he saludado, pero ni me ha mirado, la muy rencorosa.
¡Maldito gato! Me ha jodido un polvo increíble, que era precisamente lo que yo necesitaba ahora mismo. ¡Otra cosa más que me fastidia este animal!
No hay comentarios:
Publicar un comentario