Qué leches.
Hace compañía, Naranja, no hay duda. Pero sigo sin tener con quién hablar. Y, encima, si bien antes podía irme a la ciudad los fines de semana, ahora me da cosa dejarle solo. Solo faltaría que se líe a maullar como un loco, llamándome, y se enfade algún vecino... Es pequeñito, al fin y al cabo.
Pequeño pero matón. ¡Como muerde! Y no para de subirse a todas partes, y de romper cosas. Antes hemos tenido una buena pelea. Que mal genio tiene, en cuanto intento cepillarle un poco, se pone como una fiera. Necesito quitarle pelo, suelta mucho.
No ha sido un gran negocio este gato, por tanto. No le gusta mucho debatir, pero eso no quiere decir que sea mudito. Tiene un lenguaje muy complejo. Todavía no he deducido su gramática, o sus reglas sintácticas, pero sí tengo clara una parte de su vocabulario:
- Grita "miau, miau", de forma reiterada, cuando necesita algo, cuando quiere que le abra una puerta...
- Emite una especie de "brrr", cuando se alegra al echarle su comida favorita: el Jamón cocido.
- Ronronea, como todos los gatos: hace un "grrrrrrrr", continuado, aunque eso no forma parte de su vocabulario, porque el sonido no sale de su boca. Expresa cariño, comodidad, o algo parecido.
- Emite unos maullidos más largos y menos repetidos ("miauu") cuando quiere expresarme disconformidad con mis actos o palabars.
- También lanza otros maullidos casi inaudibles, cuando ve un mosquito, un ave por la ventana, o cualquier bicho que no pertenece a la familia. No sé por qué lo hace.
- Y el último sonido que he detectado dentro de su vocabulario es el que hace cuando tengo un poco de tos o carraspera, un maullido cortísimo, a veces mientras duerme. Es algo así como "¡Mie!", con cierto nivel de enfado.
Sí, conozco bien los sonidos de mi gato. Aunque el animal no es capaz de debatir sobre Nietzsche, su conversación es más inteligente que la de la gente de este pueblo. En fin, he vuelto a acabar escribiendo en este blog. Espero que alguien deje un comentario algún día.
No hay comentarios:
Publicar un comentario