martes, 26 de octubre de 2010

Mai


Cómo decía en el anterior post, ha llegado Mai al pueblo. Es una casualidad grande, que los dos hayamos empezado a trabajar, más o menos, al mismo tiempo, en este lugar alejado de la mano de Dios.

Ella es profesora, y está dando clases en la Escuela de Arte del municipio, que debe ser el lugar más cercano a la cultura que hay aquí. Aunque, por lo que dice, los alumnos no dejan mucho espacio a la esperanza.

Mai es amiga mía, o así la he considerado yo siempre. Posiblemente, mi error con ella fuera esperar algo más. Nos conocimos trabajando, cuando ella entraba como becaria, y yo dejaba de serlo, en una empresa de la capital. No me fijé mucho en ella en primera instancia, porque, aunque tenía un muy bonito cuerpo, no hablaba mucho, y apenas coincidimos. Eso fue así, hasta que surgió la oportunidad de trabajar en un proyecto juntos, y comenzamos a relacionarnos.

Cada día charlábamos a través de MSN Messenger. Yo me sentía muy a gusto en esas charlas, me daba la sensación de que, por vez primera, podía ser yo mismo con alguien. Sin embargo, su actitud hacia mí fue cambiando, se fue agriando. Un día me informó de que tenía pareja, que debía dejarla tranquila. Y estaba enfadada, como si yo tuviera que haberlo sabido. Después de haber generado en mí una dependencia emocional, dejó de hablarme de la noche a la mañana, recriminándome esos sentimientos. Fue un día duro.

Pero me ha hecho ilusión poder volver a verla por aquí, y poder tomarme un café con ella. Hemos quedado para comer un par de veces después, aunque siempre ha encontrado una escusa para no aparecer. Me alegro de que esté por aquí, pero creo que no voy a llamarla más. Todo tiene un límite. La pelota está en su tejado.


No hay comentarios:

Publicar un comentario